Pep Guardiola no necesita presentación. Es posiblemente el técnico más emblemático de los últimos años y me atrevería a decir, del fútbol moderno. Recientemente, su equipo, el Manchester City, ha sido apeado de la máxima competición europea por el Tottenham, en un final de infarto con un gol anulado por el VAR en el 93′.

A Guardiola se le acusa de no poder ganar la Champions League sin Messi, o sin estar en el FC Barcelona. Al final, el debate sobre si el técnico de Sampedor ha fichado por el City con el único objetivo de levantar la orejana está sobre la mesa. En palabras textuales de Pep: «Sé lo que la gente dice, pero yo no he venido aquí a ganar la Champions. He venido para que el equipo juegue como lo ha venido haciendo en los últimos 20 meses.»

¿Por qué choca este mensaje? Quizás por lo que se espera de él después de haber invertido más de 600 M de euros en fichajes, por su trayectoria y títulos en el FC Barcelona o por ser considerado uno de los mejores técnicos del mundo. Pero la realidad es que, pese a tener un gran equipo, ganar la Champions League no siempre depende de lo bueno que sea un entrenador, incluso de lo bueno que sea un equipo. Influye, está claro, pero si no cuentas con otros factores, incluso con el factor ‘suerte’, puede que en una acción tu realidad cambie y te vayas a casa.

En este sentido, el Real Madrid ha tenido un control sobre los elementos que rodean una competición como la Champions impresionante. Sin desplegar un juego deslumbrante, sin hacer un buen año y sin aparentar ser el favorito por estado de forma ha sido capaz de ganar 4 Champions en los últimos años dando una lección de saber jugar en esta competición.

Quizás, a Guardiola no le ha acompañado el factor suerte o las decisiones tanto colectivas como individuales le han condenado a no pasar de cuartos con el City. Con el Bayern se quedó a las puertas de la final en varias ocasiones, pero en ninguna de ellas fue posible. Pero todo esto que estoy describiendo, ¿se puede considerar un fracaso?

Parece que el término fracaso en el fútbol profesional tiene como objetivo definir a quien no gana, a quien no queda primero. Pero primero solo es uno, y equipos y jugadores hay miles. ¿Estamos ante un deporte profesional lleno de fracasados? Si nos dejamos llevar por la tendencia popular, deberías ser consecuentes y admitir que todos los que no ganan la Champions League son unos fracasados, sean candidatos o no.

Pero vamos a darle sentido al término fracaso, o por lo menos, un sentido diferente. Guardiola no ha ganado, al igual que tantos otros entrenadores y equipos, pero su «no fracaso» no se basa en que haya podido ganar la Premier League u otras competiciones, sino en el trabajo diario y la metodología que ha implantado. Hay jugadores que han mejorado con él, que han crecido a todos los niveles, hay más visión de conjunto y se podría decir que el City ha dado un salto como equipo. Evidenciar todo esto por un gol anulado en el minuto 93 es poco serio, pero es lo que vende.

Es un problema que el mensaje que se transmita al mundo sobre el éxito o el fracaso dependa del factor resultado (victoria o derrota). Más allá del fútbol, más allá del deporte, un éxito no depende del resultado final, (o no debiera) sino de cómo se ha trabajado hasta llegar a ese momento. Pero insisto, lo que vende no es precisamente esta forma de entender la vida. Lo que vende es crear iconos victoriosos o personas que han fracasado, todo lo demás, se queda fuera.