Los palmeros del fútbol
8.3Nota Media
Emotividad8
Liderazgo9.2
Persona de club8.3
Habilidades de portero7.7
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8.5

Volvía a casa este viernes e iba escuchando un programa de radio en el que entrevistaban a Esteban Suárez, mítico portero del Oviedo cuando estaba en primera división, y posteriormente de otros equipos como Atlético de Madrid, Sevilla, Celta de Vigo, Almería y vuelta a la que fue su casa para, ojo al dato, jugar en 2ªB con el Oviedo, y ascenderlo de nuevo a 2ª división. También llegó a ir convocado con la selección española en la época de José Antonio Camacho. Finalmente la directiva del club carbayón acabó por rescindir su contrato de manera un tanto abrupta, pese a que él sigue siendo a día de hoy todo un referente allí.

El tema de la entrevista era el de las amistades que se generan en torno a los futbolistas profesionales en activo. Contaba como efectivamente había visto a jugadores arruinados por malas inversiones, en las cuales se fiaron de quienes no debían. Y contaba como a medida que te ibas haciendo más conocido se te iban acercando todo tipo de personajes, precisamente porque buscaban al personaje «Esteban», no a la persona que había detrás. Buscaban los beneficios de estar cerca de una figura conocida, «de éxito» y con dinero e influencias. A todos esos se les conoce como palmeros.

Insistía en la importancia de rodearse de gente que buscara tu bien como persona y deportista, aunque eso a veces fuera jodido de escuchar, porque eran cabos que te ataban a tierra y te devolvían a la realidad. Contó una anécdota que me pareció muy curiosa. El entonces presidente de la entidad, Eugenio Prieto Álvarez, solo adelantaba sueldos a los jugadores para comprarse un piso, ni coches ni nada. De hecho, el mismo presidente realizaba sus averiguaciones para confirmar que se trataba de un piso y que éste existía y no era una estafa. También hay que decir que ese mismo presidente fue el que dejó a la entidad ovetense en una delicadísima situación económica, con una deuda de más de 40 millones de € tras 14 años de gestión en el año 2002.

Entrevista a Esteban Suárez

Comentaba que sus amigos lo habían sido antes de saltar a la fama, durante su trayectoria profesional y ahora también, que no había cambiado nada en su relación. En concreto la semana próxima iba a comer con uno de ellos, al menú del día, y con otro se iba a montar en quad. Pero también recordaba que había gente que cruzaba todo el estadio para abrazarle durante su apogeo profesional, pero una vez que dejó de ser figura pública no se tomaban la molestia ni de saludar si se cruzaban. Así de cruel y así de real.

Más allá de esta entrevista, recuerdo otra anécdota que contaban de Johan Cruyff, quien durante su época como entrenador del Barcelona del Dream Team, recomendaba a prometedores jugadores como Sergi Barjuan que no cambiara su Ford Fiesta azul, que le llevaba y le traía, que fuera cauto. El mismo jugador, muchos años después, confesaba que ese consejo le salvó de problemas. Que muchos de sus compañeros acabaron con deudas.

Me parece una manera muy fácil de complicarse la vida. Eres insultantemente joven, tienes un talento excepcional para hacer un deporte muy reconocido socialmente, tienes mucho dinero y pábulo en los medios y redes sociales. Te invitan a garitos, se te acercan personas que hasta entonces ni siquiera habrías podido imaginar y te regalan los oídos con todo tipo de halagos. En esas circunstancias me puedo imaginar la pérdida de la noción de la realidad. De ahí a acabar como un juguete roto, el paso es muy pequeño.

Siempre me he preguntado cuántos jugadores habrán acabado sucumbiendo a todo este tipo de embelesos. Nos cuentan las historias de éxito, pero no las que acabaron mal. Nadie quiere escucharlas, y supongo que muchas de las víctimas no tendrán ganas de contarlas. Reconocer que te has equivocado, o que te han engañado, es una cura de humildad muy grande, pero muy dura de aceptar.

A veces me parece ver en grandes clubes, quizá porque son a los que más fácilmente podemos identificar, como máquinas de devorar deportistas, que en el fondo son personas, con historias de trabajo, ilusión y muchos esfuerzos, propios y ajenos, para llegar hasta ahí.

A modo de conclusión, remarcaría la necesidad de educar en valores dentro y fuera del campo. En ayudar al alumbramiento de deportistas de élite, pero sobretodo de personas que sepan lidiar con todo eso, el éxito y el fracaso, así como todos los riesgos adyacentes. Y en todo eso son fundamentales las figuras de entrenadores-formadores, padres, madres, hermanos y amigos… Sino lo más fácil es que uno acabe en el olvido más absoluto, tanto dentro del fútbol como fuera, que probablemente sea lo peor. Y así acabó Esteban la entrevista, recordando que todo el negocio del fútbol te podía llevar a acabar solo. Porque al finalizar tu trayectoria como futbolista, los palmeros desaparecían y a lo mejor, en el transcurso, también habías perdido a los de tu entorno más cercano.