Anfield dictó sentencia. El Liverpool estará en la final de la Champions League que se disputará el 1 de enero en el Wanda Metropolitano gracias a una remontada histórica que será recordada, sobre todo en el Camp Nou. El conjunto dirigido por Valverde desaprovechó una diferencia resultado de 3-0 a favor y en ningún momento supo contrarrestar el juego del equipo local, que iba todos los duelos como si le fuese la vida en ello.

Y es que, en la ida, el resultado fue engañoso. El FC Barcelona se fue con un 3-0 en el bolsillo pero pudiendo haber recibido, al menos, uno o dos goles si no llega a ser por el palo y por un excelso Ter Stegen. El meta alemán poco ha podido hacer en la vuelta, que ha visto como el empuje del conjunto inglés superaba a su defensa una y otra vez.

La genialidad de Messi engañó a Valverde que nunca vio el peligro de su rival y se aferró a la magia del ’10’ sin querer analizar el diferencial de intensidad entre ambos equipos. Con un 3-0 a su favor, quedarse fuera de la final de la Champions era un pensamiento remoto que apenas tenía cabida en la mente del técnico vasco. Además, no estaban ni Salah ni Firmino en el ataque del conjunto inglés, sus mejores armas para hacer daño a la defensa culé…

Habiendo vivido la debacle del año pasado en el Olímpico de Roma, es imperdonable que se volviera a caer en esa trampa.

Y si en la eliminatoria de ida el que decidió fue Messi, en la vuelta el protagonista fue Jürgen Klopp. De pie, en la banda, sin intervenir directamente en el juego pero dirigiendo a su equipo hacia la final, acertando con los cambios y consiguiendo meter al Liverpool en una final de Champions cuando todos los daban por muertos.

Hubo detalles que pusieron las cosas más fáciles a los reds, como el fallo de Jordi Alba en el primer tanto que regala el balón a Mané para que asista a Herdenson y termine por remachar a gol Origi tras rechace de Ter Stegen. Las cosas empezaban a torcerse aunque no había sido algo aislado, el Liverpool quería goles, y goles tuvo el equipo de Klopp.

Aunque el fallo más grande de la noche (y posiblemente del año) fue el catastrófico despiste de todo el equipo en el 4-0. Saque de esquina que ejecuta de manera muy inteligente Alexander-Arnold para que, de nuevo Origi, marcara la sentencia. Únicamente reaccionaron Piqué y Ter Stegen aunque de poco sirvió. El remate del belga se coló por encima del salto de central culé y lejos de las manos del meta alemán.

La remontada se había consumado. El Barça poco pudo hacer ante la corriente de juego, pasión y convicción que les había arrollado desde antes de empezar el partido, desde el momento en el que se cantó el You’ll never walk alone.

Liverpool, siempre Anfield

No se puede entender el fútbol actual sin hablar de este templo del fútbol. Hay estadios que inspiran al jugador, que transmiten sensaciones indescriptibles, que son capaces de levantar a un equipo muerto, pero luego está Anfield. El Liverpool ha escrito su historia en él, junto con sus aficionados, breando frente a los mejores equipos del mundo en esa alfombra verde machacada por los tacos.

Volvió a aparecer Anfield aunque algo se veía venir. No se sabía el qué, ni cómo… pero llegó. Partido histórico del Liverpool en la Champions League, la máxima competición europea y, posiblemente, del mundo.