Goodison Park, primer domingo del mes de noviembre, corría el minuto 78 del encuentro que medía a Everton-Tottenham… Heung-min Son persigue a André Gomes por el perfil derecho del campo y se apaga la luz. El surcoreano hace una dura entrada que deja al portugués tendido en el suelo, con el rostro desencajado. Todos sus compañeros se llevan las manos a la cabeza, el tobillo del mediocentro del Everton no deja lugar a dudas, la lesión es grave.

Son se retira del terreno de juego expulsado (roja directa) entre lágrimas. La acción, que evidentemente ha sido más dura de lo que pretendía el jugador Spur, ha provocado que la temporada de André Gomes termine hoy mismo.

No hay versión oficial sobre el alcance de la lesión, pero todo apunta a que será una rotura total del tobillo derecho del jugador luso. Una lesión que, probablemente, le mantendrá alejado de los terrenos de juego mucho tiempo y que en ningún caso se asegura poder volver a jugar, o hacerlo al mismo nivel.

Tras la entrada del futbolista asiático, el choque con Aurier tampoco ayudó a que la caída fuera más limpia. Está claro que hay un componente fortuito que nadie controla pero la dureza de la entrada, está precedida de una permisividad general en la Premier League bajo el lema de: «El fútbol es un deporte de contacto».

El fútbol es un deporte lesivo de por sí. Los propios terrenos de juego, así como el contacto entre jugadores provocan una infinidad de lesiones en los jugadores de todo el mundo. Sin embargo, en la liga inglesa hay una forma peculiar de entender el contacto que lleva a considerar a la Premier League como la más agresiva de las principales ligas del mundo.

Ya sea por el estilo de juego más directo y físico o por cómo se entiende este deporte en Inglaterra, la realidad es que este tipo de lesiones se pueden evitar si se permite menos agresividad. Si por algo debería destacar la Premier es por su nivel competitivo, no por permitir un juego llevado al límite en muchos casos amparados en el deporte de contacto.