Se echaba de menos al RCD Mallorca en Primera División. Creo que hablo por mucha gente que así lo siente y más después de ver al conjunto balear deambular por la Segunda División B hace apenas 3 temporadas. La épica decidió aparecer en Son Moix, un estadio que siempre ha sido considerado una de las casas del fútbol de España.

Tras un partido de ida accidentado, en el que el Deportivo se impuso por 2-0 tras jugar buena parte del encuentro con 10 por expulsión de Marc Pedraza tras cometer una fea entrada sobre Bergantiños, el Mallorca se levantó. Una final de ‘playoff’ que otorga una plaza en la máxima competición nacional siempre deja dos caras: la de la alegría desmesurada y la de la tristeza más dolorosa.

Dos ascensos consecutivos están a la altura de muy pocos equipos. El Mallorca es un equipo especial.

Steve Nash – Accionista del RCD Mallorca

El Mallorca salió en el partido de vuelta con la idea clara de asediar la portería de Dani Giménez aunque sin perder el orden defensivo ya que un gol les podía complicar aún más la hazaña. El Dépor salió agarrotado, esperando atrás y sin apenas respuesta ante el vendaval ofensivo del conjunto balear. Cuando jugadores de la talla de Salva Sevilla son protagonistas, es sinónimo de dominio para su equipo. Además, la movilidad de Baba estaba desordenando la retaguardia gallega, que tampoco sabía como parar las internadas de Lago Junior.

Los de Vicente Moreno jugaban como lo habían hecho toda la temporada, y con ello, estaban maniatando a un Deportivo que estaba empezando a ver como corta la ventaja que traían de Riazor. En el minuto 20, era Budimir quien, después de tirar un caño espectacular a Duarte lograba batir al guardameta visitante. Golazo para empezar una remontada por el ascenso llena de épica.

Las acometidas del Mallorca seguían sucediéndose aunque fue el Dépor quien marcaría un gol al que no daría validez el colegiado por falta previa. La primera parte terminaría con 1-0 y todo por decidir en los siguientes 45 minutos. En Son Moix se escuchaba el «sí se puede, sí se puede» que hacía que los locales creyeran en la remontada.

La reanudación fue un monólogo local con asedio constante a la portería del Deportivo. Baba, Estupiñán y Salva Sevilla estaban dando un recital sobre el césped, cada uno con su estilo y el Mallorca era un rodillo ante un rival que apenas sabía qué hacer.

Entonces apareció uno de los héroes de la final, un hombre que ya es historia del equipo insular: Salva Sevilla. El almeriense, que decidió quedarse en el Mallorca cuando el equipo descendió pese a tener ofertas para seguir en la categoría de plata, marcó de falta para delirio de los más de 21.000 espectadores que abarrotaban el estadio.

Con este resultado, el Deportivo se desperezó y buscó tímidamente la meta local. De hecho, estuvo a punto de marcar en el 78′ si no llega a ser por la milagrosa intervención de Reina. Fue el final del Dépor, que vería como se le escapaba la final de las manos minutos después con el gol de Abdón Prats que acababa de ingresar en el terreno de juego. De nuevo Baba, que robó y filtro el pase para que el delantero finalizara con un disparo a la escuadra.

Hasta el minuto 94 no se pudo celebrar el ascenso ya que un gol de los visitantes daba la vuelta al partido. Tuvo una última ocasión Pablo Marí pero su remate se fue por muy poco… Tras esa ocasión, el árbitro pitó el final del partido y, está vez sí, el RCD Mallorca ya estaba en Primera.