Quizás antes de empezar a compartir algunos de mis recuerdos de infancia debería explicar que estoy camino de los 33 años, solamente para que sepáis a qué época me refiero cuando hablo de «infancia». He sido un fanático del fútbol, pero mucho. Empecé siendo del Barça (nadie ha sido nunca perfecto), pero descubrí mi pasión por Valencia Club de Fútbol gracias a la ayuda de mi tío Jorge, con quien fui a Mestalla a ver un mítico Valencia-Hércules.

Ganamos 3-1 y todavía jugaba Zubizarreta en la meta che. Recuerdo que al final del partido, los aficionados del Hércules, en una de las curvas del último anillo, increpaban a la afición che con cantos de «P…Valencia! P…Valencia!»; entonces el resto del estadio empezó a cantar: «A segunda oé, a segunda oé». Me pareció sublime.

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Aún recuerdo cuando los domingos por la tarde, pegado al altavoz de la radio en el salón de mi casa en Puerto de Pollensa (Mallorca), escuchaba la narración de los partidos de la liga de Primera División. Todos a la misma hora. ¡Todos! El fútbol todavía era más un deporte que un negocio. Y recuerdo con mucha gracia cuando el comentarista empezaba a cantar «GOOOOOOOOOL», pero no sabías en qué estadio, y cuando decían el nombre del feudo, en función del sonido ambiente, ya te hacías idea de quien había golpeado en esa ocasión. Entonces el narrador desvelaba el resto de la trama.

También recuerdo los partidos a última hora del domingo en Canal+, con Carlos Martínez y Michael Robinson. Me encantaban esos locutores, esas voces me hacían sentir en casa. O esa sintonía de entrada de emisión, también en Canal+, con primeros planos de campos a rebosar y césped inmaculado…

O cuando marcaban en otro estadio y ponían el marcador y resultado en la parte de abajo de la pantalla. Canal+ fue pionero en muchas de las cosas que hoy se hacen en la retransmisión del fútbol.

Un poco más adelante, ya viviendo en Madrid, y con mi sentimiento valencianista totalmente exaltado por la época dorada de Rafa Benítez, Baraja, Albelda, Rufete, Vicente Rodríguez o Miguel Ángel Ferrer «Mista», entre otros, recuerdo que me echaban de los bares porque me dedicaba a reventar la tensa calma de los partidos Real Madrid-Valencia CF, o simplemente me invitaban a no volver más. Y como íbamos sin un duro, pues tampoco perdían mucho al echarnos. Lógico.

No quiero extenderme mucho más allá de estos recuerdos por hoy, en próximos artículos contaré más momentos que recuerdo con cariño. Sin embargo, el propósito de mis artículos (a los que me comprometo dedicarles un tiempo semanal) quiere ser aportar mi visión de la evolución del fútbol desde un deporte de equipo a un multimillonario negocio de cifras estratosféricas. Donde los jugadores, jóvenes deportistas que han apostado su vida a esa carta, son devorados por la lógica monetaria, pero en la que ellos entran con gusto a cambio de dinero, fama y comodidades varias. Nada es blanco ni negro y aquí intentaremos, con toda la humildad posible, aportar luz a estos temas.