El Valencia CF se proclamó campeón de la Copa del Rey 11 años después gracias a los goles de Gameiro y Rodrigo Moreno, al apoyo de su afición y a la convicción y fe de Marcelino García Toral. Fue la suma del esfuerzo continuado, de remar a contracorriente durante muchos meses y de creerse que las finales se ganan.

En el recuerdo aún estaba muy presente el batacazo en Anfield para el campeón de las 4 últimas ediciones. Acabar la temporada con un doblete podría suavizar el duro golpe de la Champions League y hacer que la temporada pasara de bien, a notable.

Nos falta experiencia pero nos sobra corazón.

Marcelino García Toral

En el fútbol moderno, no todo es lo que parece y no siempre el equipo favorito es quien gana las finales. Las opciones del Valencia CF pasaban por hacer un partido perfecto a nivel defensivo, intentar tapar el descomunal talento de Messi y estar acertados en las ocasiones que tuvieran… Y salió más o menos así.

Los de Marcelino empezaron el partido convencidos de que sus opciones pasaban por el orden defensivo, la unión del equipo y castigar al rival en las contras. El primero presentarse fue Rodrigo Moreno que pudo abrir el marcador en el minuto 5 de partido tras una buena presión de Gameiro. Piqué terminó sacando el balón en la misma línea de gol para tranquilidad de la parroquia culé.

La afición valencianista se lamentó de la ocasión desperdiciada pero empezó a entender por dónde pasaban las opciones de su equipo. Tras unos primeros minutos de control sin profundidad del FC Barcelona llegó el primer golpe de la noche.

Gabriel Paulista oteó el horizonte, vio a Gayà con el carril despejado y lanzó un pase que bien podría haber ejecutado el mismo Parejo. El lateral tuvo tiempo de recibir, correr unos metros, levantar la cabeza para ver a Gameiro y enviar un pase preciso al borde del área. El francés recibió, fintó a Jordi Alba, y fusiló a Cillessen.

La grada blanquinegra gritó, vociferó y saltó de júbilo. Primer objetivo conseguido y duro golpe a un rival que ya podía intuir cómo de difícil sería superar al Valencia CF en la final. Tras el mazazo, el conjunto de Valverde intentó rehacerse y volver al plan inicial, llegar a la portería rival a través de la posesión sin conceder ocasiones claras, pero llegó Carlos Soler.

El canterano valencianista se midió en velocidad a Jordi Alba, ganó línea de fondo y centró atrás para que Rodrigo Moreno rematara picado. 0-2 y el medidor de euforia desatado. Ni los más optimistas habrían acertado un resultado así en el minuto 33 de partido y Marcelino era consciente de ello. El técnico asturiano pedía cabeza a sus futbolistas ya que aún quedaba un mundo para hacer realidad el sueño de la Copa.

Terminó la primera parte con un paradón de Jaume Domènech a lanzamiento de Messi, que era la única luz en el Barça. El argentino intentaba espolear a sus compañeros pero, una vez más, el equipo no acompañaba al ’10’.

El guión del partido cambio en el segundo acto con un FC Barcelona menos combinativo y más vertical. El resultado obligaba a cambiar el juego. En la reanudación, Valverde decidió dar entrada a Arturo Vidal y Malcom para intentar agitar el partido. El chileno, siempre aguerrido, aportó más intensidad que juego y bien pudo ser expulsado por tomarse la justicia por su mano tras una entrada de Daniel Wass. Solo vio la amarilla y pudo terminar el encuentro con la venia del colegiado.

Malcom sí que aportó mas cosas, desbordando por su banda a un voluntarioso Gayà que recibió la amarilla al tener que parar una de las incursiones del brasileño. Por esa banda llegarían las mejores ocasiones ya que, tras la amarilla, se volcó de forma más clara el juego por ese costado.

Entonces llegó la jugada de fantasía de Leo Messi. Una final con el argentino en el campo es sinónimo de espectáculo. El ’10’ hizo una pared con Malcom, lanzó un autopase en una baldosa y con el exterior buscó la escuadra. El palo repelió el disparo y el remate posterior de Arturo Vidal se fue por encima de la portería…

En el 64′, la mala suerte iba a visitar a Dani Parejo. El capitán ché estaba impartiendo toda una clase de cómo trabajar a nivel defensivo para después desatar al equipo en las contras. Al ejecutar una falta, el ’10’ del Valencia CF se resbaló y se lesionó. Saltaron las alarmas, pese al 0-2 la presencia de Dani en el campo era fundamental para su equipo.

El técnico asturiano mandó sustituir al de Coslada (que se fue ovacionado y entre lágrimas) para dar entrada a un recién recuperado Kondogbia, que llegaba a la final muy justo tras la última lesión que padeció el francés.

En el minuto 70, una incursión de Malcom terminó con un pase filtrado al área y un remate poco preciso de Piqué. El central catalán hizo las veces de ‘9’ en determinados momentos de la segunda parte ante la ausencia de una referencia clara en el ataque culé.

Y entonces llegó Messi, que se negaba a ver cómo se les escapaba la final. Un cabezazo impecable de Lenglet en un saque de esquina se topó con un paradón de Jaume, pero el rechace le cayó al argentino a un metro de la línea de gol, era empujarla y recortar distancias. El VAR revisó la jugada por posible fuera de juego aunque no lo hubo, 1-2 en el Benito Villamarín.

El partido entraba en su fase final más abierto que nunca y con la tensión propia de una final. El asedio culé se acentuó y los centros laterales empezaron a sobrevolar el área ché. Tanto Garay como Paulista fueron un muro. Todo lo centrado tenía su respuesta en rechace y entonces llegaron las dos ocasiones de Guedes.

El luso se quedo como única referencia en ataque tras el cambio de Rodrigo por Diakhabi. La primera se le fue tras un carrerón y un mano a mano que solo el cansancio puede explicar el fallo. Minuto 93 y mucho esfuerzo acumulado.

La segunda ocasión Guedes llegaba en el minuto 95. Ni el propio Cillessen se creía que el partido siguiera sin estar sentenciado. El portero holandés subió a rematar el último corner de su equipo y la jugada terminó con Guedes lanzando a portería vacía desde más de 40 metros y fallando por poco. Solo dio tiempo a sacar de puerta. En cuanto el balón llegó al medio del campo Undiano Mallenco se llevó el silbato a la boca y todo terminó.

Final. Estalló la locura en el campo. Ahora sí, tocaba celebrar el título. La Copa del Rey 2018/2019 tenía nombre propio y ese no era otro que Valencia CF. Un lesionado Dani Parejo subía hasta el palco presidencial del Benito Villamarín para alzar la Copa de todos los valencianistas y dejar atrás un año que pasará a la historia.

Marcelino García Toral merece una mención especial por lo que ha logrado en esta temporada. Tras muchas dudas tras un inicio de temporada pobre, se echó el equipo a la espalda y ha logrado hacer historia en el club. Deja al Valencia CF en Champions tras conseguir el cuarto puesto y le da un título tras muchos años de sequía. Un ejemplo de que el trabajo diario tiene su recompensa, de que la voluntad puede con todo si uno no se rinde.

Centenariazo del Valencia CF
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